El estómago se me revolvió en plena sesión.
Aún no terminaba la primera ronda de opiniones cuando alguien dijo:
“Hoy día todos tenemos las mismas oportunidades.”
No fue una persona. Fue cerca del 30% del grupo (mayoritariamente hombres).
Y nadie lo cuestionó.
Mi rol en el contexto de esta sesión dirigida a líderes gerenciales y directivos de empresa era facilitar conversaciones.
Abrir espacio.
Sostener la diversidad de opiniones.
Lo que no esperaba… era esto: No hubo confrontación. No hubo cuestionamiento.
Pero sí hubo algo mucho más difícil de aceptar para mi:
La convicción genuina de que lo que describían es la realidad.
Y una idea que aparecía como respaldo constante de esa realidad (hoy tenemos todos las mismas oportunidades), fue:
“Es que debemos regirnos por la meritocracia.”
Ahí empezó mi verdadero conflicto. Porque facilitar no es solo escuchar.
También requiere desafiar.
Y en ese punto exacto… dudé sobre cómo intervenir sin caer en la tentación de invalidar.
Mientras escuchaba, no podía evitar pensar en otras escenas que no estaban siendo representadas en esta conversación:
Mujeres cuestionadas por aspirar a una carrera profesional exitosa.
Decisiones condicionadas por la maternidad.
Trayectorias que se desvían —no por falta de capacidad— sino por estructuras que no dan suficiente soporte a la Mujer.
Espacios de decisión donde la presencia de la Mujer y monorías sigue siendo la excepción, no la regla.
Nada de eso se mencionó.
Y, sin embargo… para mi estaba presente, y me quedé con preguntas que no son cómodas:
En el contexto de esta sesión…Quise ser más incisiva, quise tener más tiempo.
Pero me detuve.
Porque mi rol era sostener el espacio.
Y al mismo tiempo, sentía una responsabilidad difícil de ignorar:
no dejar pasar desapercibido algo que, para muchas, es una realidad cotidiana.
Salí de esa sesión con la certeza de que las conversaciones difíciles no siempre se trasnforman en conflicto… a veces sólo se diluyen en la comodidad.
La comodidad, de no confrontar, hacer preguntas, tomar el riesgo de mostrar otras perspectivas distintas a la más aceptada por todos.
Pero esto reforcé:
Hacer visible lo invisible no ocurre solo con datos.
Ni con buenas intenciones.
Requiere incomodidad real.
Requiere tensión.
Y, muchas veces, requiere encontrar el momento y “formas”de intervenir, incluso cuando puedes incomodar.
Quienes se apegaron a la declaración: “hoy día no hay problemas de falta de igualdad”….no estaban mintiendo… estaban hablando desde un lugar donde nunca lo han tenido que ver. Estaban hablando desde sus privilegios.
Confío en que la conversación abrió algo.
Aunque no haya sido evidente en el momento para mí.
Seguir encontrando formas de hacer visible lo que aún muchos no ven.
Sin invalidar es mi compromiso.
Y tú… ¿Qué haces cuando estas conversaciones potencialmente difíciles se diluyen en la comodidad de escondernos en la opinión de una mayoría?
Desde mi Sabiduría y Poder,
Maru García Marín
Psicólogo, Coach, Mentor y Trainer en Gestión Emocional y Liderazgo