💔 El día que mi mamá dejó de reconocerme…
Era la tarde del 24 de diciembre de 2024.
Llamé a mi madre para saludarla.
Me respondió con una voz amable… pero distante:
“¿Cómo está?… ¿Cómo están los hijos?”
Y en ese instante… lo sentí en el pecho.
Ese tono.
Esa forma de hablar.
La había escuchado antes… muchas veces.
Era la forma en la que mi mamá hablaba con personas que ya no recordaba.
Solo que esta vez…
la extraña era yo.
Ese día empezó algo que no tiene ritual, ni cierre claro, ni palabras suficientes:
empecé a convertirme en una desconocida para mi propia madre.
Ha pasado casi un año y medio desde entonces.
Hace unos días vi un mensaje en mi WhatsApp.
Era una de sus enfermeras:
“Buenos días Sra. María Eugenia, la voy a llamar porque su mamá está preguntando por usted.”
Lo vi 22 minutos después.
Veintidós.
Mi corazón se aceleró.
Sentí una mezcla de urgencia, ilusión… esperanza.
Era la primera vez desde que se fue, que no mostraba memorias sobre mí.
Le marqué de inmediato.
La enfermera contestó.
Me pasó a mi mamá.
Pero ya era muy tarde.
No me reconoció.
Hay pérdidas que no se ven.
Pérdidas donde la persona sigue viva… pero la relación que conocías ya no existe.
A esto, la terapeuta Pauline Boss lo llama pérdida ambigua.
Y aunque mi proceso de entendimiento de la condición de mi mamá empezó hace casi una década…
la verdad es que el duelo no termina.
Se transforma.
Se mueve.
Te visita en momentos inesperados.
Compartirte esto, en la antesala del Día de la Madre, es profundamente personal…
y también profundamente universal.
Porque hay algo que muchas mujeres y hombre vivimos… pero pocos nombramos:
Un tipo de vacío emocional que no tiene permiso.
Un duelo invisible.
El de la madre que está… pero no está.
El de la madre con la que nunca pudiste hablar de lo importante.
El de la madre con la que hoy quisieras tener conversaciones que ya no son posibles.
En estos años, atravesando mis propios cambios —emocionales, físicos, hormonales—
cuántas veces pensé:
¿Cómo habrá sido esto para ella?
¿Qué sintió?
¿Qué calló?
Y sin embargo…
Como tantas cosas en la historia de nuestras madres,
estos temas se quedaron en silencio.
Porque a muchas mujeres no se les enseñó a hablar de su cuerpo,
de su vulnerabilidad,
de lo que realmente pasaba dentro de ellas.
Y así… hoy somos muchas y muchos.
Mujeres y Hombres exitosos.
Ambiciosos.
Capaces.
Pero también…
Especialmente en el caso de las Mujeres, buscando respuestas que nadie nos dio.
Siendo nuestras propias referentes.
Construyendo liderazgo… sin haber sido realmente guiadas en lo esencial.
Hoy, más que nunca, entiendo algo:
Sanar la relación con mamá
no siempre se trata de ella.
Se trata de ti.
De cómo eliges integrar su historia en la tuya.
De qué decides honrar…
y qué decides transformar.
Yo hoy celebro algo distinto.
No que todo esté resuelto.
Celebro mi capacidad de sostenerlo.
De mirar mi historia con más madurez.
De tomar lo que me construye… incluso cuando vino desde espacios difíciles de entender y emociones difíciles de sentir.
Porque sí…
Hubo cosas que me mostraron el camino.
Y otras… que me enseñaron exactamente por dónde no quería seguir.
Y ambas… me formaron.
Si hoy este mensaje toca algo en ti…
quiero dejarte con estas preguntas:
¿Qué parte de ti fue moldeada por tu madre… incluso en su ausencia emocional?
¿Qué historia sigues cargando que ya no necesitas repetir?
¿Qué versión de ti estás lista para construir… más allá de lo que aprendiste?
Si eres mujer, y sientes que hay partes de tu historia que aún están esperando ser miradas…
no desde la exigencia, sino desde un nuevo tipo de liderazgo interno…
Quiero decirte algo con mucha honestidad:
No tienes que hacerlo sola.
“Volver a Ti. Círculo de Mujeres” es un espacio para eso.
Para nombrar lo que nunca se nombró.
Para resignificar tu historia.
Para construirte desde un lugar más verdadero.
Abrimos puertas muy pronto.
Si sientes ese llamado escríbeme al correo: coach@marugarcia con asunto: “Sí quiero”
Y te comparto la información.
Si eres hombre…. Y quieres regalar este espacio de transformación a una Mujer especial en tu vida, también te invito a escribirme.
A veces no es casualidad lo que nos toca.
A veces… es una invitación.
A volver a ti.
Desde mi Sabiduría y Poder,
Maru García Marín
Psicólogo, Coach, Mentor y Trainer en Gestión Emocional y Liderazgo