Esa mañana todo iba bien. De hecho iba extrañamente mejor de lo usual.
Desperté con energía, ligera… en paz.
De esas mañanas donde incluso logré no reaccionar a eso que me suele detonar fuertes emociones. (En mi caso, ciertas actitudes de mi hijo que otras veces habría corregido sin filtros).
Iba manejando, y disfrutando que estaba conduciendo mi auto nuevo.
Me hacía consciente de la sensación de bienestar, por tener un problema menos que resolver (mi anterior auto me estuvo dando muchos problemas).
Disfrutaba de tener menos fricción mental.
Más espacio para sentirme bien.
Escuchaba con presencia la Música.
Observaba el Sol con sus tonos naranjas apareciendo.
Me sentía tan conectada a mí, y en espíritu celebratorio de lo simple.
Elegí colocar música folklórica venezolana.
Una canción… otra…
y de pronto, sin aviso, la alegría se transformó en nostalgia.
Venezuela.
El mar.
Mi adolescencia.
Las preguntas que no tienen respuesta inmediata.
Y entonces… lágrimas.
Silenciosas.
Inevitables.
Humanas.
Pero solo tenía unos minutos para sentir.
Tenía 10 minutos más para “recomponerme”
Diez minutos para entrar en modo “funcional”
Y sin embargo… algo había cambiado.
No afuera.
Adentro.
El tono emocional del día ya no era el mismo.
Si te identificas con esto, quiero decirte algo importante:
Esa montaña rusa emocional que a veces aparece sin aviso… no es un error…. Es información.
No significa que estás rota.
No significa que te faltan más terapias, más herramientas, más trabajo personal.
Significa algo mucho más incómodo…
y mucho más valioso:
Esta es información que te invita a conectar contigo.
Y conectar contigo no se trata sólo de sentir emociones placenteras.
Conectar contigo se trata de recibir todos los matices emocionales que eres capaz de experimentar.
Y quiero transformar este mensaje en preguntas para ti:
👉 ¿Qué pasaría si dejaras de ver esos “bajones o emociones oportunistas” como interrupciones… y empezaras a verlos como simples mensajes?
👉 ¿Qué tal si esa tristeza, esa nostalgia o incluso esa irritación…
no fueran un problema que resolver, sino una necesidad que atender?
Porque aquí está el punto que casi nadie quiere ver:
Ser funcional es una habilidad.
Pero también puede convertirse en una máscara.
Y cuando confundimos supervivencia con forma de vida…
empezamos a desconectarnos de nosotros mismos sin darnos cuenta.
Este mensaje no es para impulsarte a que “aguantes más”.
Es para algo mucho más desafiante:
👉 ¿Cómo te das permiso de sentir… sin juzgarte por lo que sientes?
Porque fortalecer tu liderazgo (personal, emocional, profesional),
no se trata solo de sostener.
Se trata de escucharte.
Y no puedes escuchar tu sabiduría…
si estás constantemente silenciando lo que sientes.
Ahora quiero dejarte con esto:
Si este texto te movió algo (aunque no sepas explicarlo),
me encantaría leerte.
Respóndeme aquí abajo y cuéntame:
👉 ¿Qué te hizo sentir en compañía?
👉 ¿Reconociste alguna emoción en ti? 👉¿Eres capaz de sentir tus emociones sin juzgarte?
Te leo.
Desde mi Sabiduría y Poder,
Maru García Marín
Psicólogo, Coach, Mentor y Trainer en Gestión Emocional y Liderazgo
2 Comments
La verdad es que ultimamente no me pasa con tanta frecuencia esa nostalgia que me cambiaba el animo hace años, pero si a veces cuando surge aquella añoranza, trato como de taparla con, aqui estas bien, no hay porque extrañar, eso quedo en el pasado y solo doy gracias y sigo
Gracias por compartir Cecy. Mientras más afinemos nuestra conexión con nosotras mismas y más nos escuchemos, aprenderemos a distinguir la nostalgia que requiere pausa, de la nostalgia que puede resultar distractora. Me da gusto leer que tienes tus estrategias ganadoras para navegar estos momentos. ¡Éxitos!