Durante años, muchas mujeres hemos recibido mensajes explícitos e implícitos sobre lo que significa ser “fuertes”.
No llorar demasiado.
No sentir demasiado.
No necesitar demasiado.
No dejarnos afectar.
Controlar nuestras emociones.
Resolver.
Seguir.
Y quizá por eso, después del accidente de mi hijo (leer post anterior), hubo algo que me sorprendió profundamente al mirar lo ocurrido con cierta distancia.
Yo había sentido muchísimo.
Miedo.
Angustia.
Mareo.
La sensación de que me faltaba el aire.
El impulso de querer que alguien me asegurara: “Tú hijo está bien”.
Y mientras todo ese volcán de emociones estaban muy presentes en mí…. Pude actuar.
Pude sostener a mi hijo mientras lloraba.
Pude observar aquel primer centro médico y decir: “Aquí no”.
Pude pedir ayuda.
Pude buscar alternativas.
Pude tomar decisiones.
Pude prestarle calma a mi hijo aun cuando dentro de mí no todo estaba en calma.
Pude incluso guiar a los médicos a cuidar su lenguaje frente a mi hijo…. Mientras ellos parecían hablar de las heridas de alguien que no estaba allí con ellos.
Y entonces comprendí algo que quiero recordar:
mi fortaleza no apareció cuando dejé de sentir miedo.
Mi fortaleza apareció mientras lo sentía.
Durante mucho tiempo hemos colocado fortaleza y vulnerabilidad en extremos opuestos.
Como si una mujer fuerte fuera aquella a la que nada la desestabiliza.
Como si ser sensible nos hiciera menos capaces.
Como si nuestras emociones fueran un inconveniente que debemos aprender a controlar antes de poder confiar plenamente en nosotras.
Yo cada vez creo menos en esa versión de la fortaleza.
Porque mi experiencia me ha enseñado otra cosa.
Cuando aprendemos a escucharnos, nuestra sensibilidad puede convertirse en información.
La intuición puede ayudarnos a detenernos cuando algo no se siente bien.
La capacidad de percibir puede permitirnos notar lo que otros no están viendo.
Y nuestra vulnerabilidad puede conectarnos profundamente con aquello que necesita ser cuidado.
Aquella tarde no tuve que convertirme en alguien diferente para proteger a mi hijo.
No tuve que dejar de sentir.
Tuve que confiar en recursos que llevo años aprendiendo a reconocer dentro de mí.
Y quizá por eso esta experiencia, aun siendo una de las más difíciles que he vivido como mamá, también terminó regalándome una nueva oportunidad de reconocerme.
De apreciar el trabajo que durante décadas he hecho para reconciliarme con mi vulnerabilidad.
Y de cuestionar una idea que todavía pesa sobre muchas de nosotras:
que una mujer sensible es una mujer débil.
Y es exactamente lo contrario.
Una mujer que abraza su vulnerabilidad aprende a caminar usando su fuerza.
Y quiero despedirme preguntándote algo, de mujer a mujer.
¿hay alguna parte de ti que todavía considera su sensibilidad, sus emociones o sus necesidades una desventaja?
Y una pregunta todavía más importante:
¿Cuántas cosas han sido posibles en tu vida, y en la vida de quienes amas, precisamente gracias a esa manera tuya de sentir, percibir, cuidar, intuir y mirar?
Quizá valga la pena hacer inventario.
Porque tal vez algunas de las partes de ti que aprendiste a juzgar como “demasiado”, tal vez sean también algunas de las que más han te han sostenido en tu vida.
Yo estoy entrando en una etapa en la que cada vez confirmo más esto.
Mi vulnerabilidad es mi superpoder.
Y realmente creo que estas conversaciones es algo que necesitamos tener cada vez más, no en solitario, y sí con otras mujeres.
Durante estos últimos meses he estado creando nuevos proyectos muy especiales para ti, Mujer–
Todavía no quiero contarte demasiado.
Pero sí quiero pedirte algo:
mantente pendiente de mi próximo email.
Quiero que quienes forman parte de esta comunidad sean las primeras en conocer, y poder beneficiarse de varias invitaciones espaciales que estoy preparando.
La primera es un taller presencial que facilitaré en Guadalajara este mes de Septiembre.
La segunda es la apertura de registros a mi programa online “Volver a Ti. Círculo de Mujeres” que inicia el 1 de octubre.
Si alguna de estas invitaciones te atraen, envíame un mensaje de WhatsApp con asunto “Quiero saber más” y serás de las primeras en tener detalles.
Y después de tantos meses sin escribirte, me emociona mucho que sea precisamente mis aprendizajes de la reciente situación desafortunada con mi hijo, la que me inspire a llegar a ti nuevamente.
Desde mi Sabiduría y Poder,
Maru García Marín
Psicólogo, Coach, Mentor y Trainer en Gestión Emocional y Liderazgo