
El año próximo cumpliré 25 años (la mitad de mi vida) viviendo fuera de Venezuela.
Mi salida de Venezuela sucedió en el año 2000, impulsada por el amor a un nuevo proyecto de vida.
Me impulsó el acercarme a algo…. No el alejarme de algo como los casi 8 millones de venezolanos que gradualmente han dejado Venezuela desde la llegada del chavismo.
Alejarte de lo conocido para crearte una nueva vida, es una experiencia a la que no todos están dispuestos.
La personalidad, la influencia de la familia, el arraigo a tu cultura son algunos factores que imponen el matiz de la transición a un espacio geográfico distinto al que te vió nacer.
Ver el deterioro de las condiciones de vida de muchos venezolanos, en los últimos casi 25 años, el deterioro en calidad de vida de mis padres y familiares, es razón suficiente para que el corazón se te arrugue.
La celebración de elecciones en Venezuela en los últimos casi 25 años, lo he sentido como las alertas de tormenta tropical en las que no sabes si la tormenta tocará tierra y qué nivel de daño creará……… lo que se junta con algo de desesperanza aprendida (sabemos que tocará tierra y sabemos que hará daño).
Mantener la conexión con tu tierra no es fácil cuando lo que tienes a la vista es destrucción e injusticia que provoca impotencia y dolor.
Al igual que muchos venezolanos, estos días post-elecciones se sienten como estrés post-traumático…. Como un Déjà vu mental y emocionalmente que dice: “Esto ya lo había vivido y no se siente bien”. Y con ello la tendencia humana a querer cerrar nuestro corazón para minimizar la cantidad de dolor que pueda infiltrarse en un corazón ya topado de tristezas, miedos y rabias acumuladas.
No quiero que esta lectura despierte pena o lástima en ti.
Creo que como humanos podemos sostener el dolor y a la vez sostener la esperanza.
Sostener la alegría y la tristeza a la vez.
Pero… cuando nuestro corazón se niega a sentir lo incómodo y doloroso, entonces aplica la frase de Brené Brown:
“No puedes cerrarte a las emociones desagradables y abrirte a las agradables. Cuando le dices no a unas, le dices no a todas”.
Liberarnos de emociones que se sienten pesadas y abrir nuestro corazón nunca fue más necesario que en este momento del mundo, y nuestras prácticas de higiene emocional pueden determinar no solo nuestra calidad de vida, sino también nuestro destino.
Creo que este es un momento para la sanación, y esto es más posible cuando nos observamos en esos rincones y relaciones en los que no nos permitimos la paz con nosotros mismos, esas elecciones en donde nosotros mismos nos violentamos al no cuidar nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, nuestras relaciones.
Cultivar un hogar interior, cálido y acogedor debe ser nuestra meta No. 1.
Desde este hogar interior armonizado podemos ser un vehículo para las transformaciones externas. (lee mi post del 2016, ¿cómo está tu hogar interior?)
Evitar el dolor es evitar la sanación, como lo dice Edith Eger en su libro “The Gift”.
Si tú, al igual que yo, y una gran mayoría de venezolanos, estás experimentando una circunstancia o situación compleja en tu vida, en la que las dosis de dolor son conocidas y no por ello fáciles de gestionar, aquí te comparto lo que a mí me es útil y busco usar a diario:
Si eres venezolano, este mensaje es especialmente para ti.
Estás casado, convives, o tienes amados amigos venezolanos, también es para ti.
Si eres humano, sintiente, de corazón abierto… esto es para ti.
Desde mi Poder y Magia a la tuya,
Maru García Marín
Psicólogo, Coach, Mentor y Trainer en Gestión Emocional y Liderazgo